Al hablar de la figura de Miguel de Molina, quedarse en su dimensión artística, que fue enorme, es cometer con él una injusticia más. Porque, no sólo fue el intérprete masculino que mejor supo decir la copla, sino que, además, fue un ejemplo de hasta donde llegó la represión franquista contra quienes, como él, no escondían su condición de homosexual ni sus ideas.
El 5 de marzo de 1993, Miguel Frías de Molina murió en su casa de Buenos Aires, lejos de la Málaga donde nació en 1906 y lejos de la España que le martirizó.
Nadie como él ha interpretado “Ojos verdes” y nadie como él sabía poner en la copla esa tierna picardía que se permitía en alguno de sus éxitos.
Miguel de Molina había nacido en una familia humilde y estudió en los salesianos, de donde fue expulsado para ingresar en un reformatorio.
Pronto dejó Málaga para enrolarse en pequeñas compañías en las que cantaba el repertorio de las estrellas de la época como Estrellita Castro,Concha piquer o la Argentinita. Sin embargo la figura de Miguel de Molina va sobresaliendo, especialmente tras el estreno de El amor brujo de Falla.
"Ojos verdes" que, como decíamos, cantó como nadie parece ser que fue escrita con el compromiso de que sería él quien la estrenara, aunque acabase haciéndolo Blanquita Suárez.
Otra copla a la que Miguel de Molina dio su sello fue “La bien Pagá” que cantó, como nadie, miles de veces.
Hijo como era de familia humilde nunca olvidó sus orígenes, ni los padecimientos que le hizo pasar una sociedad rancia por su condición de homosexual. Quizá por eso evidenció su ideología izquierdista y optó por la República durante la Guerra Civil.
Acabada ésta fue perseguido por su doble condición de progresista y homosexual y sufrió palizas a manos de falangistas, por lo que acabó dejando España para instalarse en Argentina, donde murió, tras un breve regreso a España, en 1993.
Ilustración musical: Javier Astasio, Javier Triñaque
El origen del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se fecha el 8 de marzo de 1857, cuando un incendio acabó con la vida de todas las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York, encerradas a causa de una huelga.
Esa ha sido siempre la versión aceptada como cierta. Sin embargo, historiadoras feministas aseguran que no existen pruebas documentales de que el incendio -que ocurrió-, se produjera ese año.
En el imaginario colectivo se mezclan fechas, años y acontecimientos: efectivamente, en marzo de 1867 se realiza una huelga de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy en Nueva York. Una de las madres del feminismo norteamericano, Susan Anthony, que la vivió en persona, la cuenta así: "Una mañana todas tiraron las tijeras y la aguja, la palangana del almidón y la plancha, y durante tres meses ninguna acudió a las fábricas. Al final de ese tiempo, todas se morían literalmente de hambre y la mayoría se vio obligada a volver al trabajo, pero no con sus salarios antiguos, pues sus jefes se los redujeron aún más".
Y aquí puede estar la segunda parte de esta habitual confusión: a comienzos del siglo XX, se extienden las movilizaciones de obreras en Estados Unidos. La Compañía de Blusas "Triangle" es una de las que emprende una huelga que durará meses. Cuando las trabajadoras regresan a la fábrica no han logrado su mayor reivindicación: un lugar de trabajo digno. Un año despues, el 25 de marzo de 1911, poco antes de la hora de la salida, la alarma de incendios del edificio Asch comienza a sonar. Así lo cuenta la historiado Ana Lau Jaiven: "No había extintores, las salidas estaban bloqueadas. Desesperadas, algunas jóvenes saltaron por la ventanas. De las 500 empleadas, 146 perdieron la vida y muchas más quedaron heridas. Los dueños, juzgados por negligencia, quedaron en libertad".
Realidades mezcladas en pro de una fecha, 8 de marzo, que desde el año 1911 viene considerándose el Día de la Mujer Trabajadora y concentra actividades y reivindicaciones en todos los países del mundo. Casi un siglo despues se puede decir que la lucha por la igualdad ha sido la revolución social de mayor calado en el siglo XX, pero mientras unos pasos han sido de gigante, otros siguen aún pendientes. Igualdad salarial, jornadas laborales, condiciones de trabajo infrahumanas en los países menos desarrollados....La violencia de género y la explotación sexual se unen también a este panorama que obliga, cada 8 de marzo, a decir: "Lo conseguido aún no basta".
Ilustración musical: Ángeles Afuera, Carlos Llanos
Dijo la reina Isabel II: “Ea, lo autorizo”. Bueno, quizá no fuera exactamente así, pero lo cierto es que el 5 de marzo de 1847 se promulgó la real orden por la que quedaba autorizada La Feria de Abril en Sevilla.
Los principales promotores del ferial abrileño eran dos concejales liberales de la corporación municipal sevillana: el vasco José María Ybarra y el catalán Narciso Bonaplata, que sortearon no pocos obstáculos para sacar adelante el proyecto, ya que había otras dos ferias de ganado bien consolidadas, la de Mairena y Jerez, que miraban recelosas la iniciativa. Corría 1847 cuando se celebró en Sevilla una feria de ganado en las afueras de la ciudad, en el Prado de San Sebastián, sobre el que se alzaron 19 casetas que vendían buen vino de Valdepeñas y aguardiente de Cazalla, y muchas otras viandas.
El propio Ybarra cuenta que a la feria acudieron la acreditada buñolería del Salvador y algunas fondas que ofrecían a los señores viajantes chacinas y caldereta, menudo, pescado frito y migas. Y sigue su relato el concejal: “Fue imposible contar el ganado que entró en el ferial. Vinieron algunos rebaños de borregas y muchos cochinos, así como muchas piaras de cabras y buenas recuas de burros de Ecija y Carmona. En el ferial hubo varias carretelas. Las mejores, las del conde del Aguila, Taviel de Andrade, Villapineda y la mía. Se vieron muchas mujeres de aúpas [...] El Ejército, como siempre, se portó muy bien y ayudó a la celebración de la Feria [...] La concurrencia de forasteros no bajará de veinticinco mil personas, y bien puede asegurarse que han dejado en Sevilla cuatrocientos mil duros en una semana". En fin, los años fueron pasando y la Feria mejorando: en 1864 el cielo se iluminó de bengalas y colorido: eran los primeros fuegos artificiales. Y en 1874 se alumbró por primera vez el recinto con luz eléctrica. Y se inventaron los farolillos de papel para animar los paseos, y el Círculo Mercantil innovó con una caseta al estilo japonés, y se abrió un concurso para que el mejor artista de la ciudad diseñara un cartel: el primero en ganarlo fue Francisco Candela. El premio recibido, 500 pesetas.
Si Isabel II fue quien permitió la Feria, Alfonso XIII y Victoria Eugenia la visitaron por primera vez en 1916. Viejas fotos amarillentas nos traen el recuerdo de aquel día, con la reina inglesa, tan rubia y señorial, rodeada de tanta gracia y desparpajo.
Luego llegó la II República, y al proclamarse en abril, pilló a los sevillanos en plenos preparativos. ¡En tres días hubo que preparar banderolas tricolores para colgar del recinto!
Ilustración musical: Ángeles Afuera; Elena Sánchez
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