Hay historias de amor… y luego están las que parecen sacadas de una película. Esta tiene de todo: novio, mejor amiga, celos, una pulsera, un cafecito, una farmacia y 13 años sin hablarse. ¡Casi nada!
Nuestra protagonista tenía 17 años cuando empezó esta historia. Ella y su amiga eran uña y carne: lo hacían prácticamente todo juntas y compartían la misma pandilla. El problema llegó cuando apareció él.
Nuestra pipiola empezó a salir con un chico que, curiosamente, ya sabía que le gustaba a su amiga. Pero el amor es así de caprichoso y los dos acabaron juntos. Hasta que un buen día, después de aproximadamente un año de relación, llegó el tijeretazo. Y no fue en cualquier sitio. Él la dejó un Viernes Santo delante de la Virgen de los Dolores. ¡Hombre, el lugar para dejar a alguien tampoco es que fuese precisamente muy alegre!
A pesar de la ruptura, los dos siguieron siendo amigos. Y, como todos formaban parte de la misma pandilla, seguían coincidiendo. Hasta que un día ella los vio juntos. Sí, sí: su exnovio y su amiga habían empezado a salir. Nuestra pipiola decidió hacerse la dura y seguir «como si nada». Pero el chico seguía tonteando con ella y, como todavía le gustaba, nuestra protagonista reconoce que tampoco le hacía ascos.
Y entonces llegó el momento de la pulsera. Un día, mientras estaban juntos, ella se hizo una pequeña herida con una pulsera que llevaba él. ¿Solución? A la farmacia a por una tirita y después, a tomar algo.
Y aquí viene la pregunta que todos estábamos esperando:
—¿Entre tirita y tirita pasó algo?
«¡No, no pasó nada! ¡Ojalá!«, cuenta entre risas.
Pero claro, la amiga llegó más tarde y se encontró con la escena. Se enfadó, y mucho. Hubo insultos, reproches y acabaron dejando de hablarse. Y no fueron dos semanas, ni dos meses. ¡Fueron 13 años!
Pasaron los años. Cada una hizo su vida y, para colmo, el famoso chico no acabó con ninguna de las dos. Hasta que una Navidad, 13 años después, se encontraron. Nuestra protagonista estaba felicitando las fiestas a unas amigas y allí estaba ella: «Bueno, pues para ti también, felicidades.» Y aquel pequeño gesto terminó rompiendo 13 años de silencio.
Hoy viven lejos la una de la otra, una en Galicia y otra en Baleares, pero han vuelto a coincidir en el pueblo y se han sentado a tomar un café. Y lo mejor de todo: han recuperado su amistad. Porque con el tiempo llega esa perspectiva que a los 17 años cuesta muchísimo tener. Y la moraleja de nuestra pipiola es de las que conviene tatuarse:
«No merece la pena romper una amistad por un amor.»
Y razón no le falta. Porque al final, ni el novio, ni la novia, ni el famoso triángulo… las amigas son las que se quedan.

Después de escuchar esta historia, en la famosa Hora Peine nos hemos puesto a hablar con nuestros pipiolos de amores, bodas y decisiones de esas que luego uno mira y dice: «¿Pero yo en qué estaba pensando?»
Y ha quedado clarísimo el gran mantra de la mañana: ¡NO TE CASES!
De hecho, casi nos arrancamos todos a cantar aquello de: «¡Tengo que impedir esa boda!«
Porque una cosa está clara: por amor se hacen muchas locuras… pero perder a una amiga durante 13 años por un hombre que al final no se queda con ninguna, eso sí que es para pedir una tirita.
¡Seguid contándonos vuestras historias pipiolos y pipiolas!