La música flamenca, pero sobre todo la rumba catalana llora la muerte de uno de sus mayores referentes, Delfín Amaya. Y es que no puede entenderse la música de una época sin sus protagonistas, en este sentido, la aportación de Los Amaya, Delfín y José marcaron una época y dejó una profunda huella en la música popular.
Su música llegaba tanto a jóvenes como a personas mayores. Sus letras hablaban de amor, desamor, la amistad, la alegría o la vida cotidiana.
Durante décadas, Delfín junto con su hermano, llevaron la rumba catalana a todos los rincones del país, convirtiéndose en uno de los intérpretes más queridos del panorama musical español, sobre todo con estas gafas de pasta tan llamativas.
Delfín Amaya nació en una familia gitana donde la música formaba parte del día a día. Como ocurría en muchas familias flamencas, las reuniones estaban acompañadas de guitarras, palmas y cantes, convirtiéndose en una auténtica escuela musical desde la infancia, aunque había que trabajar.
Su hermano José Amaya compartía la misma pasión por la música. Juntos comenzaron actuando en pequeños escenarios y fiestas populares.
Hubo un momento en que la música española atravesaba un momento de transformación, se buscaba aunar sentimientos universales como el amor o desamor, pero con unas letras pegadizas, pureza flamenca, y ahí estaban Los Amaya para hacerlo realidad.

Los Amaya alcanzaron fama a través de sus canciones. En un momento en que la rumba se escuchaba a través de las cintas de casetes, se bailaba en aquellos míticos guateques y discotecas setenteras, se veían sus actuaciones en el único canal de televisión y por supuesto, los conciertos, siempre abarrotados. Ídolos de masas.
Su forma de cantar, profundamente influenciada por el flamenco y por la tradición gitana, hizo que cada una de sus interpretaciones estuviera cargada de emoción y autenticidad.
Han recorrido multitud de lugares y países. Llegaron incluso a estar presentes en la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, junto a Peret y Los Manolos. El escaparate mundial de aquella cita aún sigue siendo recordada por muchos.
Los Amaya nunca perdieron el contacto con la gente sencilla y siempre se mostraron agradecidos hacia quienes habían apoyado al grupo desde sus comienzos. Era frecuente ver a Delfín y José conversar con los admiradores después de los conciertos, firmar autógrafos o hacerse fotografías.
Los Amaya han dejado un inmenso tesoro musical. Su legado, sus canciones, seguirán siendo referencia dentro de la música de este país.
Sus canciones míticas, Vete, Caramelos o Decirle a ella que vuelva siguen formando parte de la banda sonora de fiestas familiares y celebraciones populares.
Los Amaya, lejos de ocultar sus raíces flamencas, las convirtió en uno de los pilares de su carrera artística. El dúo defendió la riqueza cultural del pueblo gitano y mostró al gran público la importancia del flamenco y de la rumba como parte del patrimonio musical español.
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